
Cuando Dios me requiera,
exijo una muerte anónima,
para que nadie note mi ausencia,
ni se entristezca,
propongo que se celebre una fiesta,
y todos se diviertan,
y que nadie caiga,
no habrá por que caer.
Con que me dediquen un suspiro
bastara para recordarme,
si una lágrima se vierte por mí,
y no es de alegría,
me ofenderé,
pienso tan solo irme,
cuando ya nadie dependa de mí.
Quemen mi cuerpo,
y dispersen mis cenizas,
sonrían,
convénzame de que mi alma es inmortal.
Si me aman,
cuiden a todos por mí,
a mi familia,
a mis amigos,
y a mis extraños.
No me sientan indispensable,
no se apropien de mí
sepan que volveré,
cuando haga falta,
cada vez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario